Por Luchy Placencia
»Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.»
El contexto histórico:
En la cultura del siglo I, golpear a alguien en la mejilla derecha implicaba un golpe con el revés de la mano. Esto no era un ataque para matar, sino un insulto para humillar a alguien de «rango inferior» (como un amo a un esclavo o un romano a un judío).
Al poner la otra mejilla: Estás obligando al agresor a golpearte con la palma abierta o el puño, tratándote como a un igual. No es pasividad: Es una provocación no violenta que dice: «No acepto tu humillación, sigo siendo un ser humano digno».
2. Si te roban la túnica (Mateo 5:40)
»Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa.»
En aquel tiempo, la ley permitía que te quitaran la túnica por una deuda, pero la capa era lo último que alguien poseía (se usaba para dormir).
La ironía: Si entregas también la capa, te quedas desnudo en público. En esa cultura, la vergüenza de la desnudez no recaía sobre el desnudo, sino sobre quien lo miraba.
El mensaje: Estás exponiendo la crueldad del sistema legal del acreedor delante de todos.
¿Debemos «no hacer nada»?
No exactamente. La Biblia tiene matices importantes sobre la protección y la justicia:
Justicia y defensa: El propio Jesús, al ser golpeado ilegalmente durante su juicio, no se quedó callado. Cuestionó al guardia: «Si he hablado mal, testifica en qué está lo malo; y si bien, ¿por qué me golpeas?» (Juan 18:23). Usó la palabra para defender su derecho.
Protección del hogar: En el Antiguo Testamento (Éxodo 22:2), se establece que defender la casa de un ladrón por la noche no se consideraba crimen, reconociendo el derecho a la seguridad.
Responsabilidad civil: San Pablo menciona en Romanos 13 que las autoridades existen para castigar al que hace lo malo. La Biblia no anula el sistema de justicia penal.



